El liderazgo femenino tiene la capacidad de integrar lo humano con lo estratégico

Cuando una mujer lidera con empatía y visión compartida, inspira a toda una sociedad a evolucionar

                                                                                                   Catalina Cajías

En el dinámico escenario del liderazgo femenino en América Latina, Catalina Cajías se destaca como una figura clave que impulsa la transformación con propósito. Como Directora del Women Economic Forum (WEF) en Ecuador, su labor ha sido fundamental para visibilizar y fortalecer el papel de las mujeres en sectores tradicionalmente dominados por hombres.

Cajías ha enfrentado y superado barreras estructurales que limitan la participación femenina en espacios de decisión. A través de la educación continua, la formación de alianzas estratégicas y la creación de espacios colaborativos, ha promovido un liderazgo inclusivo y sostenible. Su enfoque se centra en construir caminos que no solo beneficien a las líderes actuales, sino que también sirvan de guía para las futuras generaciones.

Desde su rol en el WEF, ha implementado iniciativas efectivas como la mentoría intergeneracional, programas de becas y formación continua, y la creación de redes de liderazgo y visibilización. Estas acciones han tenido un impacto significativo en Ecuador, donde las mujeres representan solo el 42% de la Población Económicamente Activa y enfrentan desafíos como el desempleo y la falta de acceso a empleos adecuados.

Cajías también ha sido reconocida internacionalmente por su compromiso con la equidad de género y el empoderamiento femenino. Su participación en eventos globales, como la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en la sede de las Naciones Unidas, ha llevado la voz del liderazgo femenino ecuatoriano a escenarios internacionales. 

En un entorno corporativo cada vez más digital, Cajías aboga por una transformación tecnológica que mantenga el enfoque humano y con propósito. A través de capacitaciones en habilidades digitales y la promoción de la innovación con conciencia, busca derribar desigualdades y fomentar un liderazgo que integre la tecnología con la empatía.

Los valores personales de Cajías, como la resiliencia, la humildad, la autenticidad y el compromiso, han sido fundamentales en su camino como líder y agente de cambio. Estos principios la han guiado para liderar desde el corazón, con un enfoque en la colaboración y el impacto positivo en la sociedad.

Es un ejemplo de cómo el liderazgo femenino puede transformar culturas empresariales hacia modelos más inclusivos y sostenibles. Su trabajo en el Women Economic Forum Ecuador continúa inspirando a mujeres en todo el mundo a liderar con propósito y dejar una huella significativa en sus comunidades.

Usted ha construido una destacada trayectoria en sectores tradicionalmente liderados por hombres. ¿Qué barreras ha enfrentado como mujer y cómo logró superarlas?

A lo largo de mi trayectoria, he comprendido que muchas de las barreras que enfrentamos las mujeres no siempre son visibles; las más persistentes son aquellas que se han normalizado. La escasa representación femenina en espacios de decisión, las limitaciones para acceder a redes de influencia y la constante exigencia de rendimiento superior para obtener el mismo reconocimiento no son vivencias aisladas, sino reflejo de estructuras que aún se encuentran en proceso de transformación.

Las cifras globales lo evidencian: más de 2.400 millones de mujeres en 86 países aún enfrentan restricciones para participar plenamente en la economía. En 178 países persisten barreras legales, lo que representa las tres cuartas partes de los derechos de los hombres. Solo el 11 % de los jefes de Estado en el mundo son mujeres, y apenas el 19 % de los cargos de presidenta ejecutiva están en manos femeninas. Estos datos nos invitan a acelerar los cambios hacia una mayor equidad y representación.

He afrontado estas dinámicas con tres pilares fundamentales: educación continua como base para ampliar horizontes; alianzas estratégicas que crean oportunidades compartidas; y espacios colaborativos, donde el crecimiento de una mujer impulsa a muchas más.

Me motiva abrir puertas donde antes solo había muros, tender puentes donde no existían caminos y visualizar oportunidades aún no exploradas. La participación activa de la mujer es esencial en todos los ámbitos: desde el hogar hasta los negocios y los espacios públicos.

El empoderamiento femenino está profundamente vinculado a la autonomía económica. Hoy, más que nunca, creo en un liderazgo que colabora, que integra y que inspira a toda una sociedad a evolucionar.

Desde su rol en el Women Economic Forum, ¿qué iniciativas considera más efectivas para promover una mayor equidad de género en puestos de liderazgo?

Una de las iniciativas más efectivas ha sido la mentoría intergeneracional. Conectar a mujeres jóvenes con líderes experimentadas crea vínculos de confianza, redes de apoyo y oportunidades reales.

También apostamos por programas de becas y formación continua, redes de liderazgo y visibilización, y espacios de diálogo multisectorial para impulsar políticas públicas que promuevan la equidad.

En Ecuador, solo el 42 % de las mujeres forman parte de la Población Económicamente Activa, y solo el 32 % accede a un empleo adecuado. El 21,1 % de mujeres desempleadas emprenden por necesidad, frente al 3,6 % de los hombres. No es falta de ambición: es falta de condiciones.

Por ello, nuestras acciones buscan transformar entornos, romper estereotipos y fomentar un pacto colectivo con todos los sectores de la sociedad.

¿Qué competencias distintivas del liderazgo femenino considera fundamentales para transformar la cultura empresarial hacia un modelo más inclusivo y sostenible?

Empatía, colaboración y compromiso con lo colectivo son pilares esenciales. No se trata solo de dirigir, sino de generar sentido: escuchar con apertura, tomar decisiones con propósito y crear espacios donde todas las voces importan.

El liderazgo femenino logra integrar lo humano con lo estratégico, generando modelos de trabajo adaptativos, diversos y sostenibles.

Mi liderazgo se basa en creer en la visión, fomentar la colaboración, adaptarse, cuidar el equilibrio personal y compartir el éxito con otras. Cuando se lidera desde estos valores, se trasciende más allá de los indicadores financieros: se deja huella.

A lo largo de su carrera ha trabajado en múltiples países y contextos. ¿Cómo ha percibido la evolución del liderazgo femenino en América Latina frente a otras regiones?

América Latina es una región de contrastes. Aunque se han logrado avances, aún persisten desigualdades estructurales, como techos de cristal, brechas económicas y patrones culturales limitantes.

Ecuador ha progresado significativamente: pasó del puesto 50 al 16 en el índice global de brecha de género y redujo la brecha salarial del 20 % al 15 %, gracias a políticas como la Ley Violeta.

WEF Ecuador refleja ese avance: 27 países representados, más de 388 conferencistas y un impacto de más de 4 millones de dólares en alianzas e innovación. No se trata solo de sumar mujeres, sino de construir modelos diversos, sostenibles y colaborativos.

¿Qué papel juegan las redes de apoyo, mentoría y colaboración entre mujeres en el desarrollo del talento femenino dentro del mundo empresarial?

Las redes de apoyo son espacios donde el liderazgo femenino cobra vida. Son entornos seguros donde se escucha, se aprende y se transforma.

La mentoría es esencial: no solo transfiere conocimiento, sino que siembra confianza, cultiva resiliencia y genera posibilidades. En el Women Economic Forum, hemos comprobado cómo las conexiones entre mujeres amplifican el cambio.

En nuestra última edición tuvimos 9 horas de conferencias, 32 talleres y 35 reconocimientos. Más que cifras, son evidencias de que estas redes funcionan. Cuando las mujeres crecen juntas, el progreso deja de ser excepción y se convierte en norma.

En un entorno corporativo cada vez más digital, ¿cómo las mujeres pueden liderar procesos de transformación tecnológica sin perder el enfoque humano y con propósito?

Las mujeres pueden liderar la transformación digital manteniendo el propósito humano en el centro. Desde WEF Ecuador promovemos capacitaciones digitales con una visión empática y estratégica.

Solo el 1,2 % de los negocios en Ecuador son tecnológicos. Es un llamado a la acción. Con alianzas internacionales, hemos logrado que 10 mujeres accedan a certificaciones en innovación en Estados Unidos.

Innovar con conciencia implica preguntarse “¿para quién?”. Cada herramienta tecnológica debe estar al servicio de la equidad y el bienestar. Si no estamos en la mesa, el futuro no será justo ni sostenible.

¿Qué consejo les daría a las nuevas generaciones de mujeres que buscan ocupar posiciones de poder y liderazgo en sectores altamente competitivos?

Mi consejo es que su liderazgo nazca de un propósito firme. Que no solo aspiren al poder, sino que lo usen para transformar. Su visión y su voz deben convertirse en fuerzas que redefinan caminos.

La pasión, la resiliencia y la colaboración serán sus grandes aliadas. Que cada éxito se traduzca en empoderamiento para otras. Hoy existen redes donde podemos crecer juntas. Honremos a quienes nos precedieron y construyamos un liderazgo colectivo y duradero.

Recuerden: el verdadero liderazgo no se mide por el cargo, sino por el legado. Innovemos con sentido, sembrando equidad y sostenibilidad.

Más allá de los logros profesionales, ¿qué valores personales considera que han sido clave en su camino como líder y agente de cambio?

La resiliencia, la humildad, la autenticidad y el compromiso han sido mis pilares. La resiliencia me enseñó a adaptarme y mantenerme enfocada. La humildad, a reconocer qué puedo transformar y qué está fuera de mi control.

La autenticidad me permite liderar desde mi esencia y conectar genuinamente. Y el compromiso me ha sostenido a largo plazo, guiando cada paso con propósito.

Además, la fe y la gratitud son parte esencial de mi raíz. Toda la gloria y la gracia le pertenecen a mi Señor. Liderar desde el corazón es, para mí, la mayor forma de dejar huella.