La región avanza rápidamente en energías renovables

Su liderazgo impulsa una transformación energética sostenible en América Latina y el Caribe

Con más de tres décadas de experiencia en el ámbito energético y las relaciones económicas internacionales, Andrés Rebolledo Smitmans ha sido una figura clave en la transformación del sector energético en América Latina. Economista de la Universidad de Chile, Rebolledo ha ocupado cargos de alta responsabilidad, incluyendo Ministro de Energía de Chile (2016-2018) y Presidente de la Empresa Nacional del Petróleo de Chile.​

Desde inicios de 2023, se desempeña como Secretario Ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), liderando iniciativas que promueven la integración energética regional, la adopción de energías renovables y la sostenibilidad en la explotación de recursos naturales. Su gestión se caracteriza por una visión inclusiva que busca involucrar a todos los actores del sector, desde gobiernos y empresas hasta comunidades locales.​

Durante su gestión como Ministro de Energía en Chile, Rebolledo lideró un cambio profundo en el sistema energético del país, favoreciendo el uso de fuentes limpias como la solar y la eólica. También promovió nuevas regulaciones para apoyar la movilidad eléctrica y el desarrollo de tecnologías innovadoras, entre ellas el hidrógeno verde, como parte de una estrategia para reducir la dependencia de los combustibles fósiles. 

Como Secretario Ejecutivo de la OLADE, ¿cuáles considera que han sido los principales avances de la región en materia de transición energética?

La mayoría de los países de la región han iniciado procesos de transición hacia economías menos contaminantes, impulsados por una penetración cada vez más acelerada de las energías renovables y la incorporación de nuevas tecnologías relacionadas con la digitalización, la electromovilidad y el almacenamiento energético, cuyos resultados ya son evidentes.

Según datos del Panorama Energético de América Latina y el Caribe (publicación anual de OLADE), la variación interanual de la generación eléctrica al mes de diciembre de 2024 muestra una significativa reducción en la generación de origen no renovable. En contraste, las fuentes renovables registran notables incrementos: energía solar (36 %), eólica (40 %), geotérmica (63 %) y bioenergía (32 %).

En cuanto a la cobertura del servicio eléctrico, se observa un ligero aumento, alcanzando un 97,37 %, lo que sitúa a la región entre las de mayor nivel de cobertura a nivel global, superando el promedio mundial del 91,98 %.

Más allá de estas cifras, el logro más significativo ha sido la creciente conciencia regional sobre la necesidad de diversificar las matrices energéticas y fortalecer la infraestructura en toda la cadena de valor de la energía, como medida para enfrentar los crecientes impactos del cambio climático, alcanzar la seguridad energética y mejorar los niveles de cobertura.

De igual forma, se ha consolidado una visión común sobre la importancia de avanzar en los procesos de integración energética en todos los niveles, incluyendo la gestión coordinada y la acción colaborativa entre los países y los organismos, en procura de un mejor aprovechamiento de los diversos recursos energéticos con los que cuenta la región.

En su experiencia como Ministro de Energía de Chile, usted lideró una transformación hacia una matriz más limpia. ¿Qué lecciones considera clave para que República Dominicana impulse un modelo similar?

Me parece muy importante considerar en la formulación de las políticas públicas a todos los actores relevantes del sector energético: sector privado, académico y las comunidades organizadas.

Por otra parte, considero que un aspecto fundamental es concebir el desarrollo del sector energético con una visión y políticas de Estado que trasciendan los ciclos políticos.

Desde su perspectiva regional, ¿qué rol pueden jugar países como República Dominicana en la cadena de valor global de minerales críticos, especialmente en el contexto del auge de las tierras raras?

Los minerales críticos y las tierras raras constituyen insumos fundamentales para la industria vinculada a la transición energética —como la electrónica, los vehículos eléctricos, las baterías, los aerogeneradores, entre otros sectores—, la cual se encuentra en pleno desarrollo y, por tanto, está generando una demanda global en constante crecimiento.

Sin duda, esto representa una gran oportunidad para la región y para los países que cuentan con estos recursos. Es una oportunidad que debe ser aprovechada de manera estratégica para fomentar la implementación de nuevas industrias, generar fuentes de empleo y abrir nuevas oportunidades laborales, especialmente para los profesionales jóvenes.

En este contexto, las tierras raras pueden convertirse en un factor clave para atraer inversión extranjera directa en la República Dominicana. El país podría desarrollar capacidades locales de refinación y, con políticas ambientales claras y estándares adecuados, posicionarse como un hub regional de procesamiento.

¿Cómo valora el avance de las energías renovables en América Latina y el Caribe, y qué estrategias considera fundamentales para lograr su integración efectiva en las matrices energéticas nacionales?

Como se ha señalado en una respuesta anterior, la región evidencia una incorporación cada vez más acelerada de las energías renovables. Si bien este avance es significativo, podría resultar insuficiente para alcanzar los ambiciosos objetivos globales en materia de sostenibilidad y descarbonización.

En este contexto, es fundamental ajustar las estrategias, especialmente para atraer los grandes volúmenes de financiamiento que demanda el proceso de transición energética. La estrategia principal debe centrarse en la creación de un ecosistema favorable a la inversión, sustentado en tres pilares clave: voluntad política, una institucionalidad sólida y un marco regulatorio que brinde señales claras de estabilidad en el mediano y largo plazo.

De igual forma, es crucial avanzar en los procesos de integración regional, que han dejado de ser una opción para convertirse en una necesidad impostergable ante los enormes desafíos que plantea la transición. La integración permite fortalecer la seguridad del abastecimiento energético, aprovechar de manera más eficiente los recursos disponibles en la región y optimizar las inversiones en infraestructura y tecnología.

El sector minero y energético enfrenta hoy el desafío de combinar productividad con sostenibilidad. ¿Cuáles son, en su opinión, los pilares esenciales para lograr una explotación responsable de los recursos naturales?

En la actualidad, los sectores minero y energético en general enfrentan el desafío de combinar productividad con sostenibilidad. La creciente demanda de recursos naturales para sostener el desarrollo económico y la transición energética debe ir acompañada de una gestión que respete los límites ambientales y garantice el bienestar de las comunidades.

La República Dominicana, como país en desarrollo con un alto potencial minero y energético, enfrenta actualmente el desafío de equilibrar su crecimiento económico con la sostenibilidad ambiental y el bienestar social. Para ello, es necesario establecer políticas e implementar buenas prácticas que aseguren una explotación responsable de los recursos naturales. En este contexto, se vuelve indispensable identificar y tomar acción sobre una serie de aspectos esenciales.

Entre ellos podemos mencionar la sostenibilidad ambiental, la responsabilidad social y el respeto a los derechos de las comunidades locales, esto último a través de acciones concretas como la inversión social en salud, educación e infraestructura y la generación de empleo digno, que son fundamentales para asegurar que los beneficios de la transición y la actividad extractiva lleguen efectivamente a la población que más lo necesita.

Otros elementos esenciales tienen que ver con la transparencia y la buena gobernanza, con la participación de la ciudadanía. Adicionalmente, no se puede descuidar la eficiencia económica con una visión de largo plazo que procure una diversificación de las economías locales para que no pasen a depender exclusivamente de las actividades extractivas.

En conclusión, una explotación responsable de los recursos naturales exige una visión integral que combine todos estos factores. Solo así se podrá garantizar que la riqueza de los recursos naturales energéticos y mineros contribuya verdaderamente al bienestar presente y futuro de la población.

Más allá de los marcos técnicos y regulatorios, ¿cómo promover una mayor participación ciudadana y de los actores sociales en los procesos de transición energética en la región?

La transición energética no puede concebirse únicamente como un proceso técnico o normativo; requiere un enfoque inclusivo que incorpore a todos los actores directos (inversionistas, promotores de proyectos, financistas, desarrolladores de tecnología), pero fundamentalmente a la ciudadanía y a los actores sociales como protagonistas activos.

Para lograrlo, es fundamental implementar estrategias que fortalezcan la participación, la transparencia y la corresponsabilidad.

Algunas acciones clave en este sentido incluyen: (i) educación, capacitación y sensibilización; (ii) transparencia y acceso a la información; (iii) implementación de mecanismos de participación inclusiva con las comunidades, las organizaciones sociales, pueblos indígenas y grupos vulnerables; (iv) fomento de proyectos comunitarios de energía; (v) mecanismos para asegurar que los beneficios de la transición energética (empleo, acceso a tecnología, reducción de costos) lleguen a los sectores marginados evitando nuevas formas de exclusión; y (vi) alianzas multisectoriales que promuevan la colaboración entre el sector público, privado, la academia y la sociedad civil en general.

En síntesis, la transición energética debe ser justa y sostenible, y para ello la participación abierta y democrática de todos los sectores es un requisito fundamental. Involucrar activamente a la ciudadanía no solo fortalece la legitimidad de los procesos de transición, sino que multiplica su eficacia y asegura su sostenibilidad en el largo plazo.

¿Qué valores personales han guiado su compromiso con una visión energética más sostenible, inclusiva y con proyección regional?

Un claro convencimiento sobre la importancia que tiene la energía para el desarrollo de nuestros países, la generación de nuevas oportunidades para nuestros jóvenes y para cerrar esas brechas de acceso a la energía y a mecanismos de cocción limpia, que constituyen una de nuestras mayores preocupaciones.

El trabajo que venimos realizando junto a los países contribuye a la construcción de ese camino hacia un futuro mejor para todos, y esa es mi mayor motivación.

OLADE, en su calidad de organismo regional de la energía, tiene la posibilidad de contribuir y trabajar conjuntamente con todos los países de la región en la construcción de esos espacios que nos permiten interactuar, dialogar, compartir y colaborar para aprovechar las potencialidades de la región y de su gente para la construcción de un mejor futuro para todos.


 

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