La cultura se transforma cuando la gente ve valor y propósito

La estrategia digital sólo es sostenible cuando se alinea con la cultura y el talento humano

                                                                                          Jorge Mario Hurtado

Si algo ha caracterizado a Jorge Mario Hurtado en su trayectoria profesional es la capacidad de traducir lo complejo en soluciones simples, efectivas y con impacto. Desde la estrategia corporativa hasta la implementación de procesos de transformación digital, su sello es claro: alinear la visión organizacional con el desarrollo humano y tecnológico. Hurtado ha demostrado que el cambio no es un fin, sino un medio para generar valor sostenible, donde la clave está en articular liderazgo, cultura y propósito.

Con más de 20 años de experiencia liderando procesos de innovación y transformación en diversas industrias, tanto en Colombia como en otros países, el directivo ha forjado una metodología que equilibra lo estratégico con lo humano. Su enfoque combina una visión clara del negocio con una profunda comprensión del talento y la cultura organizacional, promoviendo ambientes de trabajo colaborativos, adaptables y orientados al aprendizaje continuo. Hurtado entiende que la tecnología no sustituye lo humano, lo potencia, y por ello impulsa estrategias donde la inteligencia artificial y la automatización están al servicio del propósito empresarial.

Además de su labor en el ámbito corporativo, Jorge Mario Hurtado comparte su experiencia como docente en programas de alta gerencia, lo que le permite retroalimentarse con nuevas visiones y mantener un pensamiento crítico y actualizado. Esa doble faceta –consultor y educador– le permite no solo acompañar a las organizaciones, sino también inspirar a los líderes del futuro, sembrando una visión más empática y centrada en el valor de las personas.

En su paso por procesos de transformación en sectores como logística, servicios y tecnología, ha validado que una estrategia efectiva comienza con una escucha activa. Hurtado cree firmemente que los cambios sostenibles surgen cuando se integran las voces del equipo en el rediseño de los procesos. No se trata únicamente de implementar tecnología, sino de generar apropiación, confianza y conexión con el propósito organizacional.

Por todo esto, su mirada sobre el liderazgo digital es integral: considera que el modelo híbrido requiere líderes con habilidades de conexión emocional, comunicación clara y capacidad de crear entornos psicológicamente seguros, aun en la virtualidad. La transformación digital, en su visión, es tan tecnológica como cultural, tan estratégica como humana.

A lo largo de su trayectoria, usted ha liderado procesos de transformación organizacional en diversos sectores. ¿Cuáles considera que han sido los elementos clave para lograr una evolución efectiva en las organizaciones que ha acompañado?

En mi experiencia, una transformación exitosa comienza cuando entendemos que el cambio organizacional no es un proyecto aislado, sino un proceso continuo que requiere la alineación entre estrategia, cultura y ejecución. Escuchar activamente a los equipos, comprender la realidad operativa y adaptar la estrategia al contexto específico de cada organización resulta fundamental. 

Si bien las herramientas metodológicas son útiles, lo que marca la diferencia es lograr que las personas se apropien del cambio. Con líderes comprometidos, un propósito claro y una hoja de ruta accionable, la evolución no solo es posible, sino también sostenible.

Desde su experiencia, ¿cómo la inteligencia artificial y la automatización están redefiniendo la gestión del talento en las empresas que hoy buscan competitividad y agilidad?

Estamos presenciando una transformación profunda: la IA ha pasado de respaldar procesos a asumir un rol protagonista en la toma de decisiones. Esto demanda un talento más analítico, creativo y adaptable. Hoy, gestionar talento implica anticiparse: identificar las habilidades clave del futuro y desarrollarlas desde ahora.

La IA hace posible personalizar el aprendizaje, detectar brechas de competencias en tiempo real y liberar tiempo operativo para que los líderes se enfoquen en lo estratégico. No obstante, la inteligencia artificial no sustituye lo humano; lo potencia.

En su rol como consultor estratégico, ¿qué recomendaciones ofrece para integrar competencias digitales en la cultura organizacional sin perder el enfoque humano?

La transformación digital no debe imponerse como una tecnología, sino aprovecharse como una oportunidad para reinventar la forma de trabajar. Recomiendo iniciar formando a los líderes en el valor estratégico de lo digital, y posteriormente crear experiencias donde los equipos puedan explorar, aprender y probar nuevas herramientas. 

No se trata únicamente de cursos, sino de conectar ese aprendizaje con desafíos reales del negocio. La tecnología debe servir a las personas, no al revés. La cultura evoluciona cuando las personas encuentran valor y propósito, no solo al adoptar plataformas.

¿Qué papel desempeña el liderazgo en los procesos de reskilling y upskilling? ¿Cómo se asegura de que estas iniciativas tengan impacto real y sostenible en las empresas?

El liderazgo es el verdadero motor. He visto programas bien diseñados fracasar cuando los líderes no los integran en la dinámica diaria de sus equipos. Para lograr impacto real, los líderes deben adoptar y demostrar una mentalidad de aprendizaje continuo. 

Además, es esencial conectar el desarrollo de habilidades con los objetivos estratégicos del negocio. Cuando los colaboradores perciben que lo que aprenden tiene un impacto directo en su rol y en la organización, el aprendizaje deja de ser una obligación y se transforma en una motivación.

¿Podría compartir un caso que represente una transformación digital exitosa con un enfoque centrado en las personas?

En el sector logístico, lideramos la automatización de procesos clave como compras, pagos y conciliaciones. Más que implementar tecnología, el reto fue lograr que las personas comprendieran cómo esta mejora impactaría su trabajo y los resultados. Dedicamos tiempo a conocer sus necesidades, rediseñamos procesos en conjunto y generamos espacios de apropiación.

El resultado fue no solo mayor eficiencia, sino también un equipo empoderado, capaz de liderar nuevas iniciativas. La tecnología fue el medio, siempre con las personas como centro.

Considerando el auge de los modelos híbridos de trabajo, ¿qué retos y oportunidades observa para mantener la cohesión organizacional y fomentar el liderazgo en entornos virtuales?

El modelo híbrido nos obliga a replantear la construcción de cultura, la presencialidad y la confianza. Ya no basta con reuniones virtuales eficientes; necesitamos momentos de conexión auténtica. La oportunidad radica en desarrollar líderes que escuchen activamente, comuniquen con intención y generen entornos seguros, incluso en la virtualidad. Esto también implica reinventar rituales organizacionales y crear símbolos que trasciendan lo presencial. La cohesión ahora se fundamenta en compartir propósito y visión, más que en compartir un mismo espacio físico.

¿Cómo ha influido su labor académica en su visión sobre el liderazgo empresarial actual?

Ser docente me mantiene en constante reflexión. Escuchar a líderes en formación revela inquietudes reales y me recuerda que el liderazgo no es un destino, sino un camino de evolución. La academia me ayuda a sistematizar lo que aprendo en la práctica y compartirlo con fundamentación. En los cursos de alta dirección, genero conversaciones estratégicas que transforman, tanto empresas como personas.

¿Qué valores personales guían su trabajo diario y cómo los transmite a los equipos con los que colabora?

Me motivan tres principios: coherencia, servicio y aprendizaje continuo. La coherencia genera confianza, la base de toda transformación. El servicio me recuerda que liderar significa estar al servicio del propósito y de los demás, no del ego.

El aprendizaje continuo me impulsa a mantener la humildad y entender que siempre se puede mejorar. Estos valores no los construyo solo con palabras, sino con el ejemplo, conversaciones sinceras y espacios para que las personas crezcan y aporten con autenticidad.


 

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