Regenerar el liderazgo para transformar la región

“La gobernanza inclusiva no es un discurso; es un sistema vivo que se sostiene cuando lideramos desde el ECO y no desde el ego.”

                                                                                                                                     Catalina Cajías

Con más de 20 años impulsando liderazgo femenino, cooperación internacional y diplomacia ciudadana, Catalina Cajías se ha consolidado como una de las voces más influyentes de América Latina. Desde WEF Ecuador y plataformas multinacionales ha articulado delegaciones con más de 350 líderes de alto impacto, movilizado más de USD 4 millones en alianzas e innovación y construido ecosistemas donde la formación, la mentoría y el networking se traducen en resultados sostenibles. Su reciente condecoración “Manuela Sáenz a la Integración Latinoamericana” del Parlamento Andino reconoce una trayectoria que une propósito, datos e impacto real. En esta conversación, Cajías conecta sostenibilidad, gobernanza inclusiva y liderazgo colaborativo como ejes para regenerar la forma en que la región diseña su futuro.

Desde su experiencia liderando organizaciones como WEF Ecuador y WICCI, ¿cómo evalúa Catalina Cajías el impacto de las redes de cooperación femenina en la generación de resultados sostenibles y en la consolidación de una gobernanza más inclusiva en América Latina?

He comprobado, liderando WEF Ecuador y WICCI Ecuador Business Council, que las redes femeninas no solo amplifican voces: son plataformas que impulsan sostenibilidad, innovación y gobernanza inclusiva en América Latina. Cuando nos articulamos desde el propósito, generamos modelos que integran impacto social, eficiencia estratégica y una visión de largo plazo.

Los resultados hablan por sí solos: hemos movilizado más de USD 4 millones en alianzas e innovación y, en nuestra edición más reciente, logramos 9 horas de conferencias, 32 talleres, espacios de networking y 35 reconocimientos que dieron forma tangible a estas conexiones. Pero, más allá de los números, estas redes permiten:

• Activar capital relacional, como el modelo de mentoría intergeneracional que presenté en Naciones Unidas (CSW69), conectando a jóvenes profesionales con líderes consolidadas para acelerar su desarrollo.
• Movilizar recursos hacia proyectos de alto valor público, impulsando certificaciones en innovación y fortaleciendo competencias estratégicas en las mujeres de la región.
• Promover decisiones más éticas, diversas y orientadas al bien común, fortaleciendo la gobernanza cuando las mujeres ocupan espacios de influencia y construcción colectiva.

La gobernanza inclusiva no es un discurso; es un sistema vivo que se sostiene cuando lideramos desde el ECO y no desde el ego: desde lo que dejamos resonando en las personas, los equipos y la tierra.

Esa es la esencia que transforma la participación femenina de una demanda aislada en una estrategia clave para el desarrollo sostenible de toda la región.

La condecoración “Manuela Sáenz a la Integración Latinoamericana” reconoce trayectorias con influencia regional. ¿Cómo interpreta Catalina este reconocimiento en términos de responsabilidad, legitimidad y proyección para fortalecer agendas compartidas entre países andinos?

Recibir la condecoración “Manuela Sáenz a la Integración Latinoamericana” del Parlamento Andino representa un compromiso con la memoria histórica y con el futuro de nuestra región. Lleva el nombre de Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador, título otorgado por su papel estratégico en la independencia y su liderazgo en momentos decisivos. Esta distinción honra la audacia, la inteligencia estratégica y el coraje que las mujeres han aportado a la construcción de América Latina, aun cuando la historia no siempre lo ha reconocido.

Más que un reconocimiento individual, esta distinción reafirma la importancia de un modelo de trabajo basado en la integración como tarea estratégica, práctica y sostenida. Invita a seguir articulando agendas comunes entre los países andinos, fortalecer la diplomacia ciudadana y promover la colaboración interinstitucional para abrir oportunidades a mujeres cuyo talento aún no logra traspasar las puertas de la decisión.

Honrar su legado exige coherencia, un liderazgo con propósito y la convicción de que las alianzas más poderosas se construyen de Humano a Humano, desde la confianza y la visión compartida, hacia un futuro más próspero e integrado para toda la región.

En un contexto donde la sostenibilidad exige nuevas arquitecturas de colaboración, ¿cuáles considera Catalina que son los modelos de alianzas público-privadas y diplomáticas más efectivos para impulsar el liderazgo femenino y la competitividad de los países andinos?

Desde nuestra experiencia en el WEF Ecuador, hemos comprobado que los modelos de colaboración más efectivos son aquellos que logran una convergencia genuina entre los sectores público, privado, académico y diplomático. Cuando estas dimensiones se articulan, dejan de ser esfuerzos aislados para convertirse en un ecosistema vivo que acelera la innovación, fortalece capacidades con doble titulación y, lo más importante, abre mercados internacionales para el talento y los productos andinos.

En la práctica, hemos visto que en los países andinos funcionan con especial fuerza modelos como:

  • Alianzas público-privadas para la formación y el empleo de calidad, donde no solo se habla de inclusión, sino que se co-crean programas de certificación y rutas reales de empleabilidad.
  • Mesas diplomáticas y técnicas que, más allá de la protocolaria, trabajan en agendas concretas para fortalecer la participación femenina en el comercio exterior y la diplomacia económica, posicionando a la región como un bloque competitivo y diverso.
  • Modelos de cooperación internacional rediseñados, donde la mujer es reconocida y tratada como sujeto estratégico del desarrollo, como una inversionista y creadora de futuro, y no como una beneficiaria pasiva de ayudas. Este es el cambio de paradigma que impulsamos: pasar de la asistencia a la inversión en el potencial humano.

Estas alianzas, cuando se construyen con una visión de integración regional y propósito compartido, demuestran que la competitividad de los países andinos en el escenario global está, indiscutiblemente, ligada a su capacidad para potenciar y visibilizar el liderazgo de sus mujeres.

A lo largo de su trayectoria ha formado delegaciones internacionales con más de 350 líderes de alto impacto. ¿Qué aprendizajes estratégicos ha identificado Catalina en la creación de plataformas multinacionales de formación, articulación y visibilidad para mujeres líderes?

He aprendido que una delegación efectiva no se construye desde la logística, sino desde la visión y la curaduría humana. Liderar a más de 350 líderes en foros internacionales me ha dejado una certeza: el verdadero impacto no se mide por la cantidad de personas, sino por la calidad de las conexiones y los proyectos que germinan al regresar.

Tres principios han sido nuestra brújula:

1. Propósito compartido: antes de cualquier itinerario, construimos un “para qué y por qué” colectivo. Cuando cada miembro entiende que no viaja solo por sí misma, sino como embajadora de un ecosistema de talento ecuatoriano y andino, la experiencia se transforma. Dejamos de ser individuos para ser una red de incidencia, tal como lo hacemos en los foros del WEF.

2. Curaduría humana: no se trata de juntar nombres, sino de tejer una sinergia de perfiles complementarios. Seleccionamos cuidadosamente a emprendedoras, académicas, CEO y políticas para que, en conjunto, formen un ecosistema portátil donde las oportunidades de una sean el punto de partida para todas.

3. Visibilidad estratégica: convertimos cada viaje en una plataforma multinacional de formación, networking e impacto. No vamos solo a observar; vamos a posicionar la marca Ecuador y a sus mujeres líderes en el mapa global, demostrando nuestra capacidad para contribuir a la conversación internacional.

Esta metodología, que presenté como una propuesta de mentoría intergeneracional en Naciones Unidas (CSW69), es la que aplicamos. La cooperación internacional deja de ser teoría para convertirse en un puente que transforma vidas, siempre que se articule con profunda intención y una estrategia clara.

Catalina ha señalado la necesidad de integrar la cooperación internacional con la agenda de género. ¿Qué mecanismos de gobernanza considera prioritarios para garantizar que la inversión, la innovación social y los programas multilaterales generen transformaciones sostenibles y medibles?

La equidad se construye paso a paso, con acciones constantes y un propósito compartido. Requiere continuidad y estructuras que aseguren que lo que hoy sembramos siga dando frutos mañana. Hablar de gobernanza no es hablar de trámites: es hablar de cómo cuidamos lo construido y de cómo garantizamos que cada avance se convierta en una oportunidad para más mujeres.

Desde nuestra experiencia, lo esencial para que esto funcione es simple y profundamente humano:

· Saber si realmente estamos cambiando vidas. No basta con llenar auditorios; necesitamos medir el impacto real, liderazgo e innovación para asegurarnos de que cada esfuerzo deje una huella concreta.

· Sentarnos en la misma mesa: sector público, empresas, academia y sociedad civil. Cuando estas voces se encuentran, como lo hemos vivido con el Parlamento Andino y en espacios internacionales, las ideas dejan de quedarse en el papel y evolucionan en acuerdos y acciones sostenibles.

· Impulsar innovación social que pueda multiplicarse. Proyectos como la mentoría intergeneracional que promovemos demuestran que cuando un modelo funciona, puede replicarse en toda la región, generando un legado de cooperación, conexión y posibilidades.

La gobernanza, en esencia, es esto: asegurar que cada mujer que hoy toca una puerta encuentre no solo una respuesta, sino un camino abierto para ella y para todas las que vienen detrás.

A la luz de su experiencia académica y diplomática entre EE.UU., México, España y América Latina, ¿cómo analiza Catalina la evolución de la diplomacia de impacto —particularmente desde la participación de mujeres— y su rol en la cohesión social y el desarrollo regional?

La diplomacia es la capacidad de construir puentes entre personas, instituciones y países para encontrar acuerdos que beneficien a todos. No es solo política exterior; es diálogo, negociación, escucha activa y trabajo colaborativo. Es generar confianza, abrir caminos y crear soluciones en conjunto, incluso entre actores que piensan distinto.

La diplomacia de impacto ha evolucionado hacia un modelo más humano, colaborativo y orientado a resultados. Mi experiencia en foros de diversos países del mundo confirma que las mujeres estamos redefiniendo la diplomacia regional, uniendo el bienestar de las personas con el crecimiento de nuestras economías.

Cuando una mujer asume un rol diplomático, aporta nuevas perspectivas que enriquecen los protocolos tradicionales. Su mirada se orienta al bien común, a visibilizar temas que durante años quedaron fuera de la agenda y a promover consensos que fortalecen el desarrollo regional.

Y esto no es solo una tendencia; es un movimiento que impulsamos desde espacios como el WEF Ecuador, donde creamos espacios de participación de la diplomacia. También hemos llevado la voz de la mujer ecuatoriana a la CSW69 de Naciones Unidas con propuestas concretas como la mentoría intergeneracional. Y, un paso más allá, el lanzamiento de WEF Ecuador fue realizado en la Cancillería del Ecuador; eso para nosotros fue un paso invaluable, un honor y un privilegio que agradecemos profundamente por ser una puerta abierta. Fuimos conexión y oportunidad para que personas del área empresarial, del emprendimiento y de la sociedad civil lleguen a un espacio físico donde se toman decisiones importantes de crecimiento internacional, un lugar reservado tradicionalmente para delegaciones oficiales.

En un entorno marcado por desafíos globales, ¿cómo visualiza Catalina el papel de Ecuador como referente de liderazgo femenino, integración regional y cooperación estratégica? ¿Qué capacidades del país deben potenciarse para fortalecer su influencia en los foros internacionales?

Ecuador está viviendo un momento único. En pocos años pasamos de ocupar los últimos lugares en participación femenina a posicionarnos entre los países que más han avanzado en la región. Ese salto de estar en el puesto 50 al 16 no es solo una cifra. Es el reflejo de un país que decidió creer en el talento de sus mujeres, alineado a políticas públicas como la Ley Violeta y todo un sistema de impulso desde la parte empresarial y organismos internacionales.

Aún recuerdo cuando en 2019 tocaba puertas buscando apoyo; el liderazgo femenino y su participación en la economía eran temas aislados en muchos sectores. Hoy, en cambio, forman parte de la conversación nacional.

Hoy Ecuador tiene una oportunidad única: mostrar al mundo que Ecuador no solo es un país de maravillas naturales, sino un territorio donde las mujeres lideran, articulan y unen voluntades. Somos un país resiliente, que sabe colaborar, que abre espacios, que se mueve con generosidad. Eso nos distingue.

Pero este avance no nace de estadísticas ni de informes. Se sostiene con cada mujer que levanta la mano, con cada alianza que se teje entre lo público y lo privado, con cada escenario internacional donde Ecuador levanta la voz con propuestas humanas, valientes y posibles.

Si queremos seguir creciendo, es clave coadyuvar, apostar por liderazgos colaborativos y caminar juntos: Estado, empresa, academia y sociedad civil, mirando hacia adelante como un solo proyecto de país. Así fortaleceremos el orgullo ecuatoriano, la marca país y la corresponsabilidad, derribando barreras culturales y minimizando la violencia. Es oportuno generar espacios de conversación regional, multicultural, multigeneracional y multidisciplinaria; en la diversidad, para mí, está la gran riqueza.

Ecuador ya demostró que puede avanzar. Ahora nos toca consolidarlo. Y ese liderazgo no se construye desde arriba; se construye desde cada mujer que inspira, cada joven que se atreve, cada ciudad que abre caminos y cada espacio donde se decide creer en un futuro más amplio y más nuestro. No se trata solo de avanzar posiciones; se trata de inspirar a la región porque aún falta un gran camino por recorrer y mejorar cifras de la participación femenina a nivel global.

Desde su participación activa en redes globales y espacios multilaterales, ¿qué tendencias observa Catalina respecto al futuro del liderazgo colaborativo y cómo estas transformaciones redefinirán la manera en que América Latina construye agendas sostenibles y de alto impacto?

Observo tres tendencias fundamentales que están reconfigurando el liderazgo en nuestra región y el mundo:

1. Del poder piramidal al poder circular: estamos viendo cómo el liderazgo horizontal y distribuido está sustituyendo definitivamente a las estructuras jerárquicas tradicionales. Las nuevas generaciones de líderes, especialmente las mujeres, entendemos que la autoridad ya no viene del cargo, sino de la capacidad de conectar, inspirar y movilizar a otros hacia un propósito común. Este modelo circular permite que el talento fluya de manera orgánica y que las mejores ideas surjan desde cualquier nivel.

2. De las transacciones a las conexiones significativas: las alianzas Human to Human están reemplazando los modelos puramente transaccionales. Lo que cuenta ahora no es solo lo que podemos obtener del otro, sino la calidad de la relación que construimos. Esta tendencia valora la autenticidad, la confianza y el propósito compartido por encima de los contratos formales. En el WEF Ecuador hemos comprobado que las colaboraciones más perdurables y transformadoras nacen de esta conexión genuina entre personas. Un enfoque de bienestar donde el management es humanista.

3. De la retórica a la medición con propósito: la sostenibilidad con métricas precisas se está convirtiendo en el estándar indispensable para cualquier proyecto que aspire a generar impacto real. Ya no basta con tener buenas intenciones; debemos demostrar con datos concretos cómo nuestras acciones contribuyen a cerrar brechas, generar oportunidades y crear valor sostenible. Esta rendición de cuentas transparente es lo que construye credibilidad y atrae a los mejores aliados.

Estas tendencias convergen en un mismo punto: América Latina construirá sus nuevas agendas desde la colaboración multinivel, donde ciudades, empresas, Estado, academia, líderes sociales y diásporas cocrean soluciones que ningún actor podría desarrollar por sí solo. El futuro del liderazgo no tiene nada que ver con mandar, sino con conectar; no es controlar, sino empoderar. Es pasar a un liderazgo más consciente con una transformación más profunda: es REGENERAR.

Su trayectoria reúne reconocimientos de India, Reino Unido, Egipto, Perú, Estados Unidos y Colombia. ¿Cómo gestiona Catalina Cajías la construcción de reputación internacional como herramienta de diplomacia suave (soft power) para potenciar el rol de las mujeres ecuatorianas en el desarrollo económico y social?

Mi trayectoria internacional se ha construido durante años desde la pasión, la perseverancia y el compromiso con crear impacto. Para mí, la reputación no es una imagen que se busca, sino la consecuencia natural de un trabajo sostenido con enfoque y resultados donde el centro es el propósito. Lo digo con claridad porque lo he vivido: desde 2018 hablo de prosperidad y propósito en espacios donde estos conceptos eran vistos como temas menores, idealistas o ajenos al mundo empresarial o del liderazgo ejecutivo. Sin embargo, el tiempo ha mostrado que esa visión anticipada era necesaria para conectar el liderazgo con la sostenibilidad, el bienestar y el desarrollo humano.

Los reconocimientos que he recibido en distintos continentes, desde Asia y Europa hasta América del Norte y del Sur, los asumo no como un logro personal sino como una responsabilidad y una herramienta de soft power al servicio de Ecuador, de Iberoamérica y del liderazgo femenino. Cada premio es una plataforma que me permite conectar visiones y compartir mejores prácticas. Más que premios, son puertas abiertas que me permiten llevar la voz de Ecuador a espacios donde se diseña la cooperación, se construyen alianzas y se proyectan nuevos liderazgos. Desde ahí, mi compromiso es convertir ese respaldo global en oportunidades concretas para más mujeres, más territorios y más iniciativas que necesitan visibilidad para crecer.

Estos logros no hablan solo de mí, sino de las causas y los equipos que los hacen posibles. Se han convertido en escenarios para abrir puertas, conectar oportunidades y posicionar el talento de nuestra región en los foros donde se diseña el futuro. Mi intención siempre ha sido demostrar con acciones que las mujeres tenemos la visión global y la capacidad para liderar en diplomacia, cooperación e integración regional.

Esta proyección internacional, acompañada de alianzas y del respeto construido con diferentes actores en distintos continientes, es un activo que pongo al servicio del país. La transformo en oportunidades, inversión y cooperación, procurando que el nombre de Ecuador se asocie con liderazgo, excelencia e innovación.

Finalmente, ¿qué mensaje considera Catalina imprescindible para las nuevas generaciones de mujeres líderes que buscan incidir en políticas públicas, cooperación internacional, innovación y desarrollo sostenible en un momento de redefinición global de gobernanza?

A las nuevas generaciones les digo con el corazón: su momento es ahora. Lideren sin miedo, pero sobre todo, lideren con ese propósito que late más allá del currículum y el cargo. El mundo no necesita más réplicas del poder tradicional; necesita mujeres que unan, que sanen, que regeneren, que conviertan los desafíos en soluciones tangibles.

Hoy el liderazgo auténtico nace del ECO, no del ego: de lo que sembramos en otros, de la huella que trasciende el logro personal y se convierte en legado colectivo. Este es el tiempo de ocupar los espacios públicos, tecnológicos, internacionales y multilaterales, pero háganlo desde su esencia: con la firmeza de sus convicciones y la sensibilidad que permite gobernar para todos. No pidan permiso para liderar; asuman su lugar con la seguridad de que su visión, su esencia femenina, es exactamente lo que el mundo necesita para sanar, crecer y prosperar.

Su voz no es solo una más en la conversación global: es urgente y necesaria. Nosotras, desde el WEF Ecuador y otros espacios, hemos preparado el terreno, abierto puertas y derribado algunos muros, pero son ustedes quienes llevarán la transformación a lugares donde aún no hemos llegado. Conviertan cada desafío en su combustible, cada “no” en un “cómo”, y cada herida colectiva en motivo para construir. Recuerden: cuando una mujer lidera desde la autenticidad, no solo está cambiando una organización; está reescribiendo las reglas del juego para las que vendrán después. Ocupen su lugar. La historia las está esperando donde el protagonismo es de ustedes.

Factores clave

  • Más de USD 4 millones movilizados en alianzas e innovación desde WEF Ecuador y redes afines.
  • Delegaciones internacionales con más de 350 líderes de alto impacto en foros multilaterales.
  • Salto de Ecuador del puesto 50 al 16 en participación femenina, articulado con políticas públicas y ecosistemas de apoyo.
  • Modelo de mentoría intergeneracional presentado en Naciones Unidas (CSW69) como propuesta replicable para la región andina.

El liderazgo de Catalina Cajías encarna una sostenibilidad que se mide en cifras, pero sobre todo en vidas transformadas. Sus redes han movilizado millones de dólares, construido delegaciones de alto impacto y reposicionado a Ecuador como un país donde el talento femenino se convierte en motor de integración y desarrollo. Al vincular métricas, diplomacia y cooperación con propósito, demuestra que la gobernanza inclusiva es una estrategia real de competitividad para la región andina. Su llamado a liderar desde el ECO y no desde el ego traza una hoja de ruta clara: regenerar el liderazgo para que el futuro de América Latina sea más humano, más justo y profundamente colaborativo.