Líderes conscientes en culturas saludables, con felicidad corporativa como estrategia
Los líderes de hoy tienen en su recorrido la responsabilidad de generar espacios y resignificar proyectos, donde puedan integrarse distintos comportamientos, deseos profesionales y miradas, dentro de un marco de bienestar y hábitos saludables. Será necesario entender a la empresa como una nueva construcción social, donde no existe una sola forma de ver las cosas, sino múltiples escenarios donde las relaciones y vínculos pueden fortalecerse aún más, teniendo como elemento clave de la cultura, la práctica viviente de la felicidad corporativa. Hay una agenda nueva para el líder: fortalecer un verdadero ecosistema de bienestar y felicidad corporativa!
Un espacio nuevo, de cercanías, donde los colaboradores gestionen y evolucionen en su rol con autoconfianza, inteligencia emocional, pertenencia, potenciando verdaderos diálogos con impacto!
¿Podemos hablar hoy de líderes que gestionan equipos en culturas saludables atendiendo su bienestar?
¿Es una práctica o una vivencia la felicidad corporativa?
¿Es un estado de la cultura?
Hablar de felicidad corporativa es hablar de satisfacción y bienestar de los colaboradores en su ecosistema de trabajo y desarrollo. Necesitamos una convivencia generacional basada en valores, que permita cercanías y otras formas de vinculación. Una comunidad que busque significados compartidos para que los valores representen "nuevos acuerdos" para el pensar y el saber hacer juntos. Los conceptos de felicidad laboral y felicidad corporativa comenzaron a instaurarse en las empresas en los últimos años.
Un concepto que nos permite la articulación y equilibrio entre reconocimiento, objetivos claros, transparencia de liderazgo, confianza, autodesarrollo, entre otros factores que sostienen ese estado de la cultura.
Para muchos, la felicidad es un concepto abstracto, subjetivo y complicado de definir, pero a la vez, es un fin a lograr, es un camino posible para transitar.
Vivenciar la felicidad en un ámbito de trabajo es clave y las organizaciones que se están centrando en él son conscientes de la importancia de gestionar desde un punto de vista más humano, cercano, para encontrar un equilibrio de bienestar que logre productividad y foco en el logro deseado.
La felicidad corporativa se basa en la idea de que las personas son más productivas y están más satisfechas cuando encuentran significado, sentido y propósito en su trabajo, tienen buenas relaciones con sus equipos y se les brinda apoyo y reconocimiento, especialmente en empresas “con rostro humano”.
Y hablar de felicidad corporativa, de alguna forma es entender y fortalecer ambientes que también trabajen para el bienestar físico y la salud mental de sus miembros.
La OMS estima que el 15% de los adultos que tienen empleo padecen un trastorno psicológico en algún momento de sus carreras. ¿Estamos atendiendo hoy esos emergentes?
En ese sentido, las empresas no sólo deben cuidar y promover la salud física de sus colaboradores sino también generar entornos de trabajo seguros y saludables en lo que respecta a la salud mental.
Existe una fuerte conexión entre la salud mental y la felicidad organizacional. Cuando los colaboradores experimentan altos niveles de satisfacción y bienestar en su entorno laboral, es más probable que tengan una mejor salud mental. Entendemos que la felicidad organizacional puede reducir el estrés laboral, mejorar la resiliencia, promover actitudes positivas y fortalecer la autoestima de los empleados, acompañados con líderes que construyen espacios de confianza, comprometidos para lograr vínculos y acciones con inteligencia colaborativa.
El informe sobre Bienestar y salud mental en el trabajo post pandemia (Fuente: Iniciativa de INECO, IDEA y Puntual Salud organizacional) destacó datos significativos, “en cuanto al cambio en la importancia otorgada a diferentes variables relacionadas con la salud emocional y mental tras la pandemia: el 82% de los encuestados valoró mucho más o completamente su salud emocional y mental, lo que lo posiciona como el cambio más relevante. Le sigue de cerca el equilibrio entre la vida personal y el trabajo, con un 79,8% de los participantes que reportó un cambio significativo en la importancia que le otorgan. La calidad de los vínculos también fue altamente valorada, con un 75,2% que indicó un cambio considerable en este aspecto. La satisfacción laboral es otro factor que ha ganado importancia, con un 71,6% de los encuestados que reportó un incremento en su valoración. La calidad del sueño (69,8%) y los niveles de cansancio al finalizar la jornada laboral (68%) también mostraron un aumento en el valor que les otorgan los encuestados, junto con la carga laboral (68,4%), el nivel de estrés laboral (68,6%), y la motivación para trabajar (67,5%)”.
Teniendo en cuenta esta realidad donde se cruzan componentes y disparadores a ser atendidos, Salud mental y bienestar, felicidad y reconocimientos, la escritora Pilar Ibañez nos presenta una mirada interesante al hablar de Ecosistema de bienestar y felicidad corporativa sumando la resiliencia como determinante y la necesidad de contar con líderes positivos.
Distingue el espacio de ecosistema de bienestar y felicidad corporativa como una estrategia inteligente en el que las empresas pueden lograr un liderazgo efectivo y positivo, fortalecimiento de los equipos de trabajo, mayor bienestar emocional y satisfacción que impacta en la productividad y rendimiento.
Considera al bienestar como un conjunto de requisitos externos para que una persona sea feliz. Es decir, que una es la causa y la otra el efecto y se desarrolla con la práctica, según esta autora, que subraya en su obra.
Y hace una distinción entre felicidad en el trabajo, como una percepción personal y subjetiva de los colaboradores sobre el bienestar en la empresa, y felicidad organizacional, como la capacidad de la organización para “facilitar a sus integrantes las condiciones y procesos de trabajo que permitan el despliegue de sus fortalezas individuales y grupales. Destaca la importancia también de contar con “líderes comprometidos y de contagio positivo”
En esta misma línea, la felicidad corporativa es el despliegue, desde el punto de vista estratégico, que la empresa elabora como una forma de organizar todas las condiciones tanto externas de bienestar como el desarrollo de habilidades internas para que las personas puedan lograr la felicidad. Este enfoque determina una combinación entre la cultura pura y la estrategia de felicidad.
La felicidad en el trabajo está también estrechamente vinculada hoy con la motivación, el compromiso y la productividad de los empleados. Cuando cuentan con espacios de intercambio y se sienten valorados y satisfechos con su entorno laboral, tienden a ser más productivos, eficientes, creativos e innovadores. Además, los empleados felices, comprometidos, con significados y propósitos claros, tienen una mayor probabilidad de colaborar eficazmente, desarrollar resiliencia, promoviendo un clima profesional positivo y un ambiente de confianza, seguridad y pertenencia.
Hay un estudio muy conocido de Robert Waldinger, profesor de psiquiatría de la Universidad de Harvard (Estudio sobre el desarrollo adulto) que contempló el acompañamiento durante de años de un grupo de personas, tratando de analizar qué era importante para ellos a medida que avanzaban con sus vidas.
La investigación que los acompañó durante un tiempo prolongado fue monitoreando periódicamente sus alegrías y dificultades, su estado físico, mental y emocional.
Resultados precisos mostraron que aquellos con relaciones sociales más cálidas y cercanas evolucionaban con mayor nivel de salud y bienestar. Lograban avanzar en sus vidas trabajos con mayor apertura y entendimiento de su propia realidad.
Tener mejores relaciones en lo personal y en lo laboral, nos ayuda a manejar mejor las relaciones, ya que nos permiten hablar sobre lo que sentimos, logrando un sentido de pertenencia, ser escuchados, poner en debate aquello que nos aleja.
El aislamiento es una causa estresante determinante, que nos lleva a la pérdida del sentido, a abordar “distancias”.
¿Tenemos aislamientos” en las compañías en que gestionamos? Y por otra parte, si atravesamos alguna dificultad o problema que tenemos que resolver que no inquieta, lo hablaríamos con nuestro líder? ¿Tendría él una escucha consciente para establecer esa cercanía?
Robert Waldinger resalta en su informe: “Cuidar el cuerpo es importante pero casi más importante cuidar nuestras relaciones”.
Buena parte de los líderes informan sentirse muchas veces solos, vulnerables ante un mundo acelerado, donde además la llegada de la revolución digital, ha generado individualismos en sectores de trabajos con colaboradores entregados a las pantallas, a datos e imágenes instantáneas, a información inmediata, donde “el ahora y ya” deja de lado la estrategia, el “pensar con sentido”, el “encuentro creativo”.
Hoy el espacio físico en el que nos desarrollamos es un reflejo de valores y de la identidad de la empresa, de lo relacional y del “estar con el otro”.
¿Buscamos culturas felices y saludables o sostenemos “culturas del silencio? Estas últimas acompañadas muchas veces de opacidad y de comportamientos teñidos de desconfianza.
¿Buscamos culturas saludables con líderes que acompañan el bienestar o culturas tóxicas, de época integridad?
En una charla con Forbes, el empresario Aaron Hurst expresaba: pertenecer es cuando sentimos que formamos parte de un grupo de personas, donde se satisfaces nuestras necesidades neurológicas de una tribu. Y cuando no tenemos eso, empezamos a movernos hacia una mentalidad de competencia perdiendo empatía y cerrando nuestra disposición para asumir riesgos”.
De alguna forma, este abordaje nos convoca para generar espacios que desarrollen otras, formas de vincularnos y gestionar aprendizajes. Y en esta fase es el clave el rol del líder emocional - habilitador, para que "sucedan cosas".
Será un buen camino gestionar tiempos, productividad de colaboradores y por sobre todo armar espacios de diálogos activos (EDA) para vivenciar y compartir pensamientos, sentimientos y convivencias que abarquen todas las generaciones.
Gestionar un ambiente donde la felicidad corporativa sea parte de una estrategia de convivencia y productividad nos permitirá mantener una cultura consciente que responda con acciones claras para fortalecer calidad de vida en ese modelo que se construye día a día, protegiendo la salud física y mental de sus miembros.
¿Están los líderes preparados para ese desafío? ¿Cuentan con capital psicológico para liderar nuevas adversidades? ¿Podemos hablar de culturas saludables que promocionen nuevos hábitos y encuentros productivos? ¿Es posible repensar otros espacios de trabajo para fortalecer vínculos de la mano de resultados efectivos , una realidad donde se debate lo virtual y lo presencial o el volver a las oficinas con sentido y significado?
Necesitaremos líderes que desarrollen un trabajo compartido para atender la complejidad, con un ecosistema corporativo de confianza que contemple: ✍ Integridad, positivismo, ejemplaridad y transparencia ✍ Desarrollo de un propósito claro ✍ Humildad y entrega constante ✍ Estrategias para fomentar la positividad y la pertenencia ✍ Audacia y coraje para transformar✍ Potenciar expectativas de su gente ✍ Lograr proximidad ✍ Animar y animar - Entender y acompañar
Si hablamos de líderes para culturas saludables, entendemos entonces al líder, como aquel que pueda conectar significativamente con los otros, que pueda abrazar las actitudes de sus equipos y redefinir un nuevo modelo de convivencia con mayor sentido e identidad. Muchas veces nos vemos arrastrados por emociones e impulsos que nos conducen a donde no queremos ir, de ahí la necesidad de contar con líderes que puedan energizar, rescatar ideas nuevas y marcar otras formas de encuentro y entendimiento.
No es marcar un camino, es hacer el camino juntos!
La World Happiness Foundation y Happyforce presentaron el III Informe Mundial de la felicidad en el trabajo, una investigación que se focaliza en la interconexión entre felicidad y empleo.
Los datos relevan una realidad impactante: el 98,37 % de los profesionales creen que su trabajo debería contribuir a su felicidad, pero solo el 47,96 % siente que realmente su trabajo lo hace.
Se despliega del informe que los factores determinantes para un ambiente de felicidad, es aquel que contempla bienestar, autonomía y propósito. Espacios con más felicidad generan más productividad y éxito sostenible.
Será importante medir en cada organización las expectativas de los colaboradores respecto a este tema: creemos que el trabajo deberíamos hacernos felices y por otro, lado como juega la realidad y el contexto para alcanzarla, de la mano de otros emergentes que actúan como condicionantes.
Hablar entonces de felicidad corporativa y bienestar es abordar y celebrar una comunidad empresaria que busque significados compartidos para que los valores representen "nuevos acuerdos", para el pensar y el saber hacer juntos. Estamos ante un contexto que nos lleva a repensar trabajos, estilos de liderazgo donde resulta necesario atravesar nuevos límites con otra perspectiva, acción que no se trata de un acto intelectual o de razonamiento puro, sino de capitalizar la esencia de las cosas.
✍ Necesitamos hoy organizaciones vivientes, con rostro humano, ecosensibles y equitativas, que apuesten a una integración generacional verdadera, que permitan el deber ser, la voluntad creativa y la ayuda mutua - colaborativa. Y en el rearmado de nuevos espacios de trabajo, que surjan nuevas aspiraciones profesionales y personales, guiadas por líderes cercanos y transformadores.
✍ Que cada firma pueda practicar el valor de la coherencia, entre lo que quiere mostrar hacia fuera como marca empleadora y su realidad interna. Y en ese camino entender que es un tiempo para compartir historias, dar protagonismo a cada colaborador en sus diferencias. Liderar contagiando lo positivo, es capitalizar energías, impulsar el intercambio de prácticas y conocimientos, pero de manera bidireccional.
✍ Necesitamos también practicar "la esperanza" para entender otro futuro. Practicar "el dar" para una mayor comprensión y respeto del otro, donde no interese la edad sino su compromiso y su capacidad para resolver juntos.
✍ Generemos "nuevas convivencias" para lograr un saber compartido, encontrar gratitud en ese otro para crear colectivamente y establecer un entorno de necesidades recíprocas. Practiquemos la ejemplaridad y la integridad como un compromiso activo con la verdad. En tiempos de desafíos nuevos, de otro orden y realidad, de confrontación con lo imprevisto, es cuando se manifiesta lo trascendente, la verdadera huella. Es necesario hacer emerger a través de la exploración consciente y el autoconocimiento, las necesidades, valores y motivaciones que pondremos en práctica, para diseñar nuevas formas de aprender y desaprender.
???? ¿Cómo acompañamos a los líderes para que construyan verdaderos ecosistemas de bienestar?
Es necesario hacer emerger a través de la exploración consciente y el autoconocimiento, las necesidades, valores y motivaciones que pondremos en práctica, para diseñar nuevos elementos de integración para culturas saludables.
Ahora bien, antes de pasar a la acción, antes de experimentar el cambio externo, se debe dar un cambio interno. Corrernos de nuestras resistencias y egos, reconocer nuestras fragilidades y educar la mirada.
Será una etapa de descubrimiento y de alta exploración, de adquisición de consciencia, en el que cuestionaremos creencias, percepciones, modelos de trabajo y nuestro entendimiento, a veces rígido de la realidad.
Hoy convivir con bienestar, en una cultura saludable, es estar verdaderamente con el otro, a la par, rescatando experiencias, sumando aprendizajes. No son los “unos” y los “otros”, no hay “choque generacional” sino “integración organizacional”.
Necesitamos hoy organizaciones vivientes, con rostro humano, eco sensibles y equitativas, que apuesten a una integración verdadera, que permitan el deber ser, la voluntad creativa y la ayuda mutua – colaborativa